BLOG PARA TELEADICTOS/AS COMO YO.

29.1.06

Y UNA MALA...........LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ.

'Vientos de agua' ha sido una de las mejores formas de comenzar el nuevo año.Es un producto que se encuentra en lo más alto de ese montón de series que monopolizan la parrilla televisiva, y que no sólo ha rozado la fibra sensible de más de uno, sino que la ha conmovido hasta la lágrima.
La línea argumental es tan actual como atemporal: la migración del ser humano como arma de supervivencia. Y está personificada en un padre y su hijo, dos generaciones distintas con destinos similares y tan cíclicos que rayan lo burlesco. El recorrido en paralelo de ambas historias funciona como espejo del tiempo, reflejando la inmortalidad de los sinsabores de la vida.

'Vientos de agua' está al margen del perfil tipo de serie de moda que busca la carcajada del espectador. Su humor es más sutil, de sonrisa tímida y esporádica porque su historia habla de otras cosas. Habla de la amistad, del fracaso, del triunfo, del amor, de la supervivencia, del miedo, de la esperanza, de la desilusión... pero sobre todo es una historia que habla de la Historia, la pasada, la presente y la futura. Y todo ello desde la emotividad, la franqueza y la ternura.
El plantel de actores logra lucirse y viste sus mejores galas interpretativas para 'Vientos de agua': desde Gemma, la infante compañera de los protagonistas del pasado; hasta el octogenario Andrés, con el siempre sublime Héctor Alterio, que tiene la bendita costumbre de dotar a sus personajes de una humanidad que traspasa la pantalla. Y al mando, el director Juan José Campanella, que ha sabido transmitir perfectamente que lo que separa a Argentina y España no es un gran océano, sino un pequeño charco sobre el que se tejen lazos de hermandad.

Campanella quería hacer de 'Vientos de agua' una gran obra, y detalles como introducir el bable entre los personajes asturianos del pasado, describen la meticulosidad con la que el director ha elaborado este trabajo. Pero por mucho que me deshaga en elogios –fundados a base de brochazos de calidad-, 'Vientos de agua' parece sentenciada.

En la cadena de Fuencarral la vendieron como la mayor apuesta desde que Telecinco es Telecinco, no sólo por presupuesto, sino en producción y a nivel artístico. Incluso confió tanto en lo que tenía entre manos que se rodó íntegramente antes de emitirse. Y sin embargo, no ha funcionado entre el público. Ahora es cuando llueven las conjeturas para explicar el fracaso: que si los dos primeros episodios se emitieron el mismo día –paradójicamente, para intentar enganchar a la audiencia-, que si se estrenó en plenas vacaciones de Navidad, que si la competencia ofrece opciones más adecuadas para el prime time, que si... Que no. Todas y ninguna son válidas y banales, pero lo que sí ha dejado claro 'Vientos de agua' es que no sólo los colores son cuestión de gustos, también la calidad. Para los que siempre pedimos que se innove en Televisión, que se apueste por productos nuevos y de calidad, 'Vientos de agua' está siendo nuestro particular “gozo en un pozo”.

Telecinco ha corrido un gran riesgo -y nadie se lo puede negar- en la forma de entender esta serie. Pero a la hora de la verdad, cuando ha llegado el momento de enfrentarla con la audiencia, la apuesta les ha resultado demasiado pesada. A partir de ahora, y si nada cambia –tecleo con los dedos cruzados para que no sea así-, la travesía de 'Vientos de agua' va a estar repleta de agónicas marejadas en forma de cambios de día, de horario... y con la única aspiración de poder exhalar hasta el último de sus soplidos, aunque sea en soledad.

Pero las consecuencias pueden ir más allá. La Televisión es un medio asustadizo, poco dado a pisar por caminos inhóspitos e incapaz de volver sobre ellos si le muerden. Mucho me temo que, lejos de profundizar en este tipo de productos, Telecinco se retraerá como un caracol y recuperará otros géneros, tan exitosos como manidos, y enterrando –otra vez- la innovación cual cabeza de avestruz. Una pena. A los románticos que aún subsistimos en este medio nos gustaría que, algún día, la calidad se impusiese a la cantidad. “¿Los tiempos cambian?”, preguntaba Telecinco como frase promocional de 'Vientos de agua'... Ella misma se responde: en Televisión, no.

Queda para el recuerdo la escena del primer capítulo en la que los dos hermanos, sentados sobre el césped y con la mirada perdida en el océano –como hemos hecho todos los que somos hijos del mar-, dibujaban en el horizonte su destino y se prometían que, por encima de la distancia, nunca se olvidarían y estarían siempre unidos. Más tarde, uno se ve obligado a tomar la identidad del otro... los dos hermanos en uno solo. Ya nadie los separaría.

PS: Si vieron 'Vientos de agua' y no les gustó, no se preocupen. STOP. Se encuentran entre el mayoritario grupo de los cuerdos. STOP. Si la vieron y les gustó, resígnense y hagan como yo. STOP. No dejen de aplaudir. STOP.